La puerta de la suite se cerró tras ellos con un clic que resonó como una sentencia definitiva. Valeria sintió cómo el espacio se condensaba a su alrededor, transformando el amplio recinto de lujo en algo íntimo, casi claustrofóbico. Las luces de Madrid parpadeaban a través de los ventanales del piso veinte, creando constelaciones urbanas que competían con el brillo de sus propios ojos mientras observaba a Enzo quitarse la chaqueta del esmoquin con movimientos deliberados.
El silencio entre ello