La conversación con Sebastián había quedado suspendida en el aire como una promesa no cumplida cuando Valeria vio a Enzo acercarse por el sendero de grava. Había algo diferente en su forma de caminar, más lenta, más deliberada, como si cada paso le costara un esfuerzo consciente. Ya no era el hombre que había conocido en París, ese empresario italiano que irradiaba confianza desde cada poro. Este Enzo parecía haberse despojado de todas las máscaras.
—¿Podemos hablar? —preguntó cuando estuvo lo s