El martes amaneció con una determinación férrea grabada en los rasgos de Enzo. Valeria lo observó desde la cama, notando cómo sus hombros se tensaban mientras contemplaba el horizonte a través de la ventana de la residencia. Las dos semanas de silencio de Franco habían sido un respiro engañoso, y ambos lo sabían.
—No —dijo Valeria antes de que él pudiera pronunciar una sola palabra—. Demasiado peligroso.
Enzo se volvió hacia ella, sus ojos oscuros brillando con una resolución que no había visto