Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa oscuridad envolvía el almacén abandonado como una mortaja. El olor a humedad y óxido impregnaba cada rincón, mezclándose con el aroma metálico de la sangre que goteaba de la ceja partida de Valeria. Sus muñecas, atadas con bridas de plástico a una silla metálica, mostraban marcas rojizas por sus intentos de liberarse.
Tres hombres la rodeaban. El más alto, con una cicatriz que le atravesaba la mejilla izquierda, se inclinó hacia ella.
—Tu novio italiano tiene muchos enemigos,







