El viaje hacia el norte fue un trayecto de sombras y silencio absoluto. El motor de la furgoneta de Marek rugía contra el viento gélido de las montañas Adirondack, mientras Leonard, sentado en la penumbra del compartimento trasero, revisaba los archivos de datos extraídos del casco del mercenario caído. La luz azul de las pantallas de la armadura biomecánica iluminaba su rostro, dándole un aspecto espectral, casi inhumano. Katie permanecía a su lado, con el arma sobre el regazo, observando cómo