El aire en el búnker bajo el hangar de Marek era una mezcla espesa de humedad, grasa de motor y el olor acre de los químicos industriales. La prensa hidráulica, situada justo encima de sus cabezas, vibraba ocasionalmente, un recordatorio metálico de que el mundo seguía girando, ajeno al drama de los espectros que se ocultaban en sus cimientos. Leonard yacía sobre el catre, su piel antes aceitunada ahora lucía de un gris ceniciento que se confundía con la penumbra.
Katie observaba con desesperac