El transporte de carga de la Red de los Despiertos vibraba con un zumbido sordo mientras se alejaba del infierno de hielo y fuego que una vez fue la Fortaleza Blanca. Leonard Sinclair permanecía sentado en un banco metálico, con los ojos fijos en Katie, quien dormía un sueño profundo y reparador tras el sacrificio de sus poderes. Malcom, el hombre que había sido sombra, traidor y ahora salvador, pilotaba la nave con una concentración gélida.
—Estamos entrando en el espacio aéreo del desierto de