El descenso hacia las coordenadas indicadas por el medallón de Katie no los llevó a una idílica villa suiza, sino a una herida abierta en la ladera de una montaña olvidada. El frío de los Alpes cortaba como un bisturí mientras Leonard, Katie y el pequeño Leo se adentraban en las entrañas de la "Cuna Sinclair". Tras las puertas de acero reforzado que solo cedieron ante la huella genética combinada de los Moore y los Sinclair, se extendía un complejo que desafiaba la razón.
El aire aquí no olía a