Capítulo 24: Territorio Marcado

 

El olor a antiséptico y el brillo de las luces fluorescentes del Hospital de Palamidi siempre me habían puesto de mal humor, pero hoy la sensación era distinta. Tenía la mano de Maya firmemente sujeta entre las mías mientras esperábamos en la pequeña sala de ginecología. Ella estaba inusualmente callada, jugueteando con el borde de su vestido, sus ojos verdes saltando de un cartel informativo a otro.

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