Mundo ficciónIniciar sesiónEl eco del portazo de Gabriel todavía vibraba en las paredes de la cocina, pero el aire dentro no se había enfriado ni un grado. Connor seguía de pie en el centro de la estancia, con los brazos cruzados sobre su pecho macizo y esa vena en su sien que solo aparecía cuando estaba a punto de estallar o de mandar a alguien al calabozo de la estac







