Mundo ficciónIniciar sesiónLa jornada en la Estación 18 había transcurrido con una calma sospechosa. Maya, para mi absoluta sorpresa, se había comportado de forma impecable. Se mantuvo en un rincón del hangar leyendo, ayudó a Dante a organizar unos archivos y, salvo por algunas miradas furtivas que me lanzaba mientras yo entrenaba con el equipo pesado, cumplió su promesa.







