KADYEL
El vuelo desde Cancún a Madrid, y luego el salto a Palma de Mallorca, fue un tránsito entre dos mundos que se negaban a encajar.
Mientras el avión sobrevolaba el azul profundo del Mediterráneo, sentí que la humedad de México se evaporaba de mi piel, dejando solo la sal y esa sequedad interna que siempre me acompañaba.
Alaric y Stefan se habían quedado en la villa, rodeados de pañales, planos de boutiques y el aroma a café recién tostado.
Me despedí de ellos con un abrazo que se sintió