ALARC
El amanecer en Bucaramanga nos recibió con una energía distinta, una mezcla de devoción y celebración que se sentía en el aire mismo.
Era el Día de la Madre, y la "Ciudad Bonita" se había vestido de gala. Al bajar al vestíbulo del hotel, los guías, con esa amabilidad efusiva que ya empezaba a resultarnos adictiva, nos saludaron con una alegría contagiosa.
—¡Feliz día a la futura mamita! —exclamó uno de ellos, haciendo que mi amor sonriera con una luz que eclipsaba cualquier sol—. Si quie