ELENA
La villa en Amalfi era un mausoleo de lujo.
Las paredes de mármol blanco reflejaban la luz de la luna, creando sombras alargadas que parecían dedos intentando atraparme.
Alaric dormía, o al menos fingía hacerlo, en la habitación principal.
Yo no podía.
El peso de su cuerpo a mi lado, ese calor que antes me resultaba reconfortante, ahora se sentía como una marca de propiedad grabada a fuego.
Bajé a la biblioteca privada, un santuario de madera de cedro y libros antiguos que olía a cono