La mañana empezó con una calma engañosa. Emilia despertó con la sensación extraña de que alguien, en algún lugar, estaba moviendo las piezas de un tablero invisible. No se lo dijo a Lucas, que aún dormía, respirando con el ritmo pausado de alguien que lucha por recuperar la paz. Besó a su hijo, lo dejó en brazos de la niñera, y partió rumbo a la agencia.
En la mesa de operaciones encontró a Maike revisando un correo anónimo.
—Nos citaron para revisar un galpón en las afueras de la ciudad —expl