La tarde cubría los jardines de la casa de los D’Angelo, Luciano y Almendra estaban recostados debajo de un roble que tenía la casa de Magnus.
- Luciano, ¿Has pensado en lo que hablamos? – Pregunto Almendra viendo al hombre que estaba recostado a su lado.
- ¡Mmm! ¡No! Ahora estoy descansando debajo de un árbol, abrazando a una linda y hermosa chica, mi mente está en blanco… - Dijo Luciano con pereza.
- ¡Luciano! En breve nos estaremos yendo a Nueva Zelanda y es importante que arregles lo que deb