POV: Franco
El reloj corría. Tres horas. No era una carrera, sino una ejecución táctica contra el tiempo. La sangre, la mía y la de Dante, que ahora sellaba la primera lámina del Pergamino, había iniciado una cuenta regresiva invisible. Si no llegábamos a la Cripta de los Inocentes antes de que esa sangre se secara por completo, el sistema de seguridad activaría un bloqueo permanente. La verdad, la profecía, la llave del linaje... todo se cerraría.
Nos movíamos como una unidad militar forzada: