Me encontraba en mi habitación relajado, con la compañía de una bella dama de quien a duras penas sabia su nombre solo para que durmiera a mi lado después de tener una noche de sexo salvaje. Era delicioso, pero no podía olvidar aquella noche de copas en otro país con una virgen, cambiando todo mi esquema sexual solo para que tuviera una buena experiencia y amara el sexo tanto como yo, aunque sabía que no volvería a verla nunca más porque las casualidades no existían dos veces en la misma vida.