Tres semanas después de la salida de Carrasco, la organización de Alejandro era más pequeña y más estable. Las personas que quedaban lo sabían y habían decidido, cada una por sus propias razones, que quedarse valía la pena.
Era el tipo de resultado que se veía en los números pero que se sentía en el ambiente: menos tensión en las reuniones, más información que llegaba por canales directos en lugar de circular de manera indirecta.
Renzo me lo dijo un día en que coincidimos en la cocina de la cas