Tardé cuatro días y medio en construir el perfil de Isabel Montoya.
Era el más complejo que había hecho. No porque la información fuera escasa sino porque era abundante y aparentemente contradictoria hasta que encontrabas el principio organizador que la hacía coherente.
Había dos versiones de Isabel Montoya.
La primera: una empresaria exitosa con historial limpio, reconocida en su sector por la solidez de sus decisiones y su discreción.
La segunda, que emergía entre los datos que no aparecí