Alejandro llegó en cuarenta minutos.
Leyó el informe sin decir nada. Cuando terminó, lo dejó sobre la mesa y se quedó mirando el nombre escrito en la parte superior.
—Isabel Montoya —dijo al fin.
—¿La conoces? —pregunté.
—El nombre —dijo—. Una vez. Papá lo mencionó cuando yo tenía dieciséis años. Dijo algo sobre una socia que había tenido que alejarse de ciertos negocios. —Una pausa—. No le presté atención. Tenía dieciséis años y no entendía de qué hablaba.
—¿Recuerdas algo más?
—Dijo que