Capítulo 90. Pasar la página
El amanecer filtraba una luz tenue por la ventana del hospital, tiñendo de un dorado suave los pliegues de las cortinas. El sonido de las máquinas seguía allí, constante, como el eco de una respiración mecánica que sostenía la vida. Leiah abrió los ojos con dificultad. Su cuerpo estaba exhausto, y aún la náusea persistía, aunque menos intensa. Lo primero que vio fue la silueta de Alexei, dormido en una silla, con la cabeza ladeada hacia un costado y los brazos cruzados sobre el pecho. No había