Leiah pedaleaba más rápido de lo usual, con las mejillas sonrojadas por la brisa matutina y el reloj que marcaba que ya iba tarde. "Vamos, vamos, por favor no lluevas hoy", pensó mientras esquivaba con agilidad a los peatones del campus. Su turno en la cafetería empezaba en cinco minutos y aún tenía que dejar la bicicleta y cambiarse la camisa empapada por el esfuerzo.
Entró al local casi corriendo, saludó al encargado con una sonrisa apurada y fue directo al baño. Mientras se arreglaba frente