La amenaza seguía ahí, agazapada en los pliegues de la realidad, invisible y paciente como un depredador que sabe que el tiempo juega a su favor. Pero, por primera vez desde que la marca apareció en su piel, Kael tomó una decisión que desafiaba su propia naturaleza de guerrero. Eligió no perseguir sombras. Decidió no llenar cada segundo con estrategias de guerra ni convertir la vida de Lía en una prisión de paranoia y miedo.
Porque verla tensarse cada vez que la cicatriz ardía, ver cómo el bril