La noche no terminó con ese abrazo. Se extendió, convirtiéndose en una burbuja de tiempo suspendido que duró tres días. Tres días en los que Kael, desafiando el consejo de sus Betas y la urgencia de la guerra, se encerró con Lía en el ala oeste de la mansión. No era una huida; era una fortificación. Si ella era el puente, él iba a ser el guardián de cada centímetro de su alma antes de que el mundo intentara reclamarla.
Esos días fueron una coreografía de ternura y piel. No hubo grandes discurso