El dolor no llegó como un golpe.
Llegó como una expansión.
Lenta.
Ardiente.
Imparable.
Lía sintió primero el calor en el pecho… como si algo dentro de ella hubiera sido encendido sin permiso. No era físico exactamente, pero tampoco era solo mental. Era más profundo… más antiguo… como si algo dormido hubiera decidido despertar.
Cayó de rodillas sobre la tierra húmeda, sus manos clavándose en el suelo mientras su respiración se volvía irregular, entrecortada.
—¿Qué… me está pasando…?
Su voz salió