Capítulo 34.
No les dimos privacidad para que terminaran de quitarse la ropa y colocarla cerca del fuego porque, simplemente, no estábamos interesadas en sus cuerpos.
O al menos yo no lo estaba. Kara miró fijamente sin pizca de pudor.
-Interesantes heridas. ¿Cuchillo?- Pregunté al tipo misterioso cuya espalda, brazos, piernas y torso estaban cubiertas de cicatrices y heridas claramente recientes.
Era un hombre alto y fornido. Quizá unos veinticinco años. Su mirada gritaba que había visto todo y nada a