Las carretas, cargadas de prisioneros, atravesaron los muros del palacio, dejando a Furr atrás. Con un aire de determinación, anunció que tenía algo por resolver antes de proseguir y que sus destinos se separaban allí. Los demás, sin más que hacer, siguieron la ruta hacia la capital, llegando al punto indicado por Eris.
Kemp habló con el encargado de las obras.
—¿Son estos los nuevos trabajadores? Nos dijeron que hoy llegarían más y vaya que los necesitamos.
Kemp asintió, esforzándose por par