Enrico entornó los ojos y levantó una ceja.
—Ah, ¿sí? No me imagino qué clase de regalo podría darme un perdedor. Déjame pensar si lo acepto, porque, como sabes, los negocios de mi familia son muy exitosos y me llueven los regalos...
Paolo soltó una risa burlona, y su tono se volvió cortante.
—Te aseguro que este regalo te va a marcar de por vida.
Levantó el brazo, sacó su celular y presionó “Enviar”. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara.
—Disfrútalo.
Dicho esto, se dio la vuelta y se mar