Angelo entrecerró los ojos, contemplando el cuerpo seductor y casi desnudo que se adivinaba bajo la lencería transparente. Su piel pálida, expuesta a la luz del sol, reflejaba un brillo incitante que encendía el deseo.
Tragó saliva con dificultad, la tensión le marcó las sienes.
El impulso que había reprimido durante toda la noche parecía a punto de estallar. Angelo respiró hondo, sintiendo que empezaba a perder el control.
Al percibir su mirada ardiente, Cristina bajó la vista. Recorrió su pro