Cristina sintió que le ardían las orejas. Se mordió el labio y levantó la barbilla, pero desvió la mirada al responder.
—¿Acompañante de qué? No, no quiero. Tengo mucho que hacer hoy, y voy a terminar tarde. Aunque no preparé el desayuno, todavía tengo que hacer la comida, la cena y algo para más noche. El joven se va a enojar si vuelve y no hay nada de comer.
Angelo se encogió de hombros, mirándola con una intensidad que la quemaba.
—Ya te lo dije, de ahora en adelante, eres mía. El trabajo es