Cerró los ojos un instante; la inexperta caricia de Cristina todavía le provocaba una ligera molestia.
Su miembro le dolía, tenso y como si le quemara por dentro. Y la única mujer que podía darle alivio se había marchado sin más. Soltó un largo suspiro de frustración.
Al abrirlos de nuevo, vio a Cristina sosteniendo un plato de cristal lleno de cubos de hielo. El brillo que despedían bajo la luz lo deslumbró.
“¿Y ahora qué se le habrá ocurrido a esta chiquilla?”.
Respiró hondo, con un tono de v