Cristina arrugó la nariz y un temblor la recorrió por completo. Con la mirada perdida, observó cómo la imponente figura de Paolo se alejaba...
—¡Joven...!
Sacando fuerzas de donde no las tenía, saltó del sofá y, descalza, corrió desesperadamente tras él.
Paolo estaba justo en el recibidor cuando escuchó la voz de Cristina y se detuvo en seco. Antes de que pudiera darse la vuelta, sintió cómo unas manos delgadas y pálidas se aferraban con fuerza a su cintura. Con las mejillas empapadas en lágrim