Después de recibir las indicaciones del doctor, ambas salieron del consultorio.
En el camino de regreso, Marie parecía llevar el peso del mundo sobre los hombros, mientras que Cristina no podía dejar de sonreír. Se imaginaba la felicidad de Paolo cuando se enterara de la noticia; solo de pensarlo, se reía sola.
—Marie, ¿no estás contenta?
—No… no es eso… —la mujer titubeó.
—Yo estoy feliz. Solo de pensar que hay una vida pequeñita creciendo dentro de mí, me emociono muchísimo.
El humor de Crist