Cuando Cristina regresó a la habitación, se encontró con que la chica la miraba con los ojos muy abiertos, con duda. Soltó un suspiro apenas audible, se sentó despacio a su lado y siguió dándole la sopa con la cuchara.
—Come un poquito más. Mira nada más lo flaca que te has puesto.
La joven tenía la mirada nublada por la incertidumbre. No sabía cómo empezar a comunicarse, así que tragó saliva con dificultad. De pronto, agarró la mano de Cristina e hizo el gesto de escribir en el aire.
—¿Quieres