Cristina observó el brillo intenso en la mirada de Gabriella. Suspiró con resignación y, al notar su obvio mal humor, decidió no hacer más preguntas.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió. Eran Gio y la mujer que lo había acompañado el día anterior.
Gabriella, al ver que llegaban visitas, no quiso quedarse más tiempo y se retiró.
Tras despedirla, Cristina regresó junto a la cama y notó que la joven paciente ya había recobrado el conocimiento.
Los ojos de Gio centelleaban mientras