Susan caminaba con paso firme, el sonido de sus tacones resonando —toc, toc, toc— mientras se dirigía a una boutique de lujo. Cristina la seguía, observando cómo entraba con determinación a la tienda y elegía prendas carísimas con una naturalidad asombrosa. Pensó que ella jamás podría ser así; Susan irradiaba una confianza innata en cada uno de sus movimientos.
Esa misma seguridad le recordó a Paolo. Sí, él también tenía esa aura.
Susan la examinó, tomando un vestido tras otro, de diferentes es