Después de desayunar, Paolo se fue en su carro.
Cristina le llevó el desayuno a Angelo, pero el dolor de cabeza persistía. Al verla tan pálida, Angelo le pidió a una empleada que le trajera un analgésico.
Después de tomar la pastilla, a Cristina le empezó a dar sueño, pero recordaba que el joven Paolo había dicho que Susan vendría a llevarla de compras.
El otoño de noviembre ya traía un aire fresco, y ella se acurrucó bajo las sábanas.
Seguía percibiendo ese familiar y ligero aroma a tabaco en