Su cuerpo se movió hacia él sin que pudiera evitarlo. Sus brazos suaves rodearon la cintura firme de Paolo y apoyó la cabeza contra su espalda tensa. Su voz era baja y sonaba ahogada.
—¿Me amarías una vez más? Solo una vez... Yo...
Paolo sujetó las manos delgadas que lo abrazaban desde atrás. Su voz se emitía con una ternura infinita.
—No des explicaciones, lo entiendo. Si tú quieres, estoy dispuesto a amarte toda la vida.
La voz de Cristina temblaba.
—Yo... no quiero destruir tu hogar ni tu matrimonio...
Paolo se dio la vuelta de repente. Un beso ardiente y lleno de ternura, colmado con tres años de añoranza, se posó en sus labios.
—No has destruido nada. Desde hace tres años hasta ahora, el único lugar a mi lado ha sido para ti.
Aquel beso desbordante de nostalgia cayó sobre su rostro de forma frenética e intensa. Al instante, la carita que antes estaba algo pálida se volvió de un rojo rosado.
Parecía una flor de durazno abriéndose radiante en pleno invierno, luciendo increíblemente