Su cuerpo se movió hacia él sin que pudiera evitarlo. Sus brazos suaves rodearon la cintura firme de Paolo y apoyó la cabeza contra su espalda tensa. Su voz era baja y sonaba ahogada.
—¿Me amarías una vez más? Solo una vez... Yo...
Paolo sujetó las manos delgadas que lo abrazaban desde atrás. Su voz se emitía con una ternura infinita.
—No des explicaciones, lo entiendo. Si tú quieres, estoy dispuesto a amarte toda la vida.
La voz de Cristina temblaba.
—Yo... no quiero destruir tu hogar ni tu ma