—¡Yo... paso por ti más tarde! —dijo Ciro, tratando de calmarse.
—¡No te molestes! —respondió Paolo, limpiándose de nuevo la sangre de la boca.
Cristina miraba la herida con angustia, dio un pisotón de ansiedad y susurró:
—Deja de limpiarte, te voy a desinfectar cuando lleguemos.
—¡Sigues preocupándote por mí! —Paolo bajó la cabeza para mirarla con adoración, lanzándole una mirada de reojo a Ciro, disfrutando de su expresión sombría.
Le encantaba que ella mostrara su preocupación de esa forma t