Mientras tanto, en Ciudad Castelvecchio. El aire húmedo y helado se colaba por el ventanal abierto. Susan entró en la oficina del presidente y mostró preocupación. Caminó hacia la ventana para cerrarla y habló con tono respetuoso, aunque con un toque de ansiedad.
—El clima está terrible estos días, hay que mantener las ventanas cerradas.
Mientras hablaba, le entregó los documentos que traía en la mano.
—No tengo frío.
Paolo dejó caer su cuerpo alto y robusto en la silla presidencial. Entre sus