La luz crepuscular del atardecer bañaba la ciudad y se filtraba a través del ventanal de piso a techo, delineando el perfil severo y atractivo de Paolo. Susan observó su tensión, entrecerró los ojos y agitó el sobre de papel manila que sostenía en la mano.
—Seguro no le interesa revisar estos documentos, ¿verdad?
—¿De qué se trata? —preguntó él con indiferencia, dando un sorbo a su vaso con whisky.
—Es sobre el desfile de la última colección de Moda Morelli en Corea, la semana pasada —Susan notó su falta de expresión y torció la boca—. Como veo que no tiene tiempo, los guardaré. —Sabía que, aunque los dejara sobre el escritorio, él ni los tocaría.
—Como sea. —Cerró los párpados antes de cambiar de tema—. ¿Michel sigue sin tener noticias de Cristi?
Susan negó y dejó escapar un suspiro silencioso.
—Jefe, usted conoce bien las capacidades de Michel. Han pasado tres años, si él no ha encontrado nada, tal vez...
La mano de Paolo tembló alrededor del vaso, y su rostro mostraba una mueca de