El Grupo Morelli estaba en el ojo del huracán. La junta directiva había propuesto destituir a Paolo como presidente. Nicolo Donati, el accionista mayoritario y socio fundador junto al padre de Paolo, tenía el voto decisivo. Si apoyaba la moción, Paolo perdería el control de la empresa.
La compañía era el legado conjunto de Vittorio Morelli y Nicolo Donati. Nicolo había visto crecer a Paolo y no quería verlo caer, además de que reconocía que nadie más tenía la capacidad para dirigir el imperio. Bajo el mando de Paolo, la empresa se había expandido internacionalmente a niveles que la generación anterior ni siquiera soñó.
Pero la opinión pública era una bestia insaciable. Las acciones caían en picada, afectando el patrimonio personal de Nicolo, quien se encontraba entre la espada y la pared.
Susan no se había quedado de brazos cruzados. Sabía que muchos en la junta codiciaban el puesto de presidente y no estaba dispuesta a ver caer al hombre con el que había construido el éxito actual de