Mientras más te resistas, más ganas me van a dar.
—¡Maldito pervertido!
Cristina no supo cómo esas dos palabras escaparon de su boca, pero lo dicho, dicho estaba; como agua derramada, imposible de recoger. Inquieta, levantó la mirada hacia el hombre que tenía una expresión iracunda y peligrosa. Su instinto le gritó que abriera la puerta y huyera de ahí antes de que él decidiera cómo responder a su atrevimiento.
Paolo se quedó petrificado dentro de la cabina, tocándose la barba de un día que som