El trinar de los pájaros rasgó el silencio, anunciando que el amanecer había llegado. Isabel, aunque aún confundida y dolorida, retomó su camino. Reconoció el río del pueblo y, a lo lejos, el ruido de los autos en la carretera le devolvió un hilo de esperanza. Si lograba llegar hasta allí, tal vez alguien podría ayudarla.
Caminando entre la hierba y la maleza, se abrió paso con desesperación, luchando contra el cansancio que atenazaba su cuerpo herido. Se sentó sobre una piedra para recuperar f