—¿Qué sucede, hija? —preguntó el padre, nervioso.
—¡No está mi bebé! —gritaba Mary, desesperada.
Corrieron a las afueras de la parroquia y preguntaron a un feligrés que venía a la misa. Él dijo haber visto a Carlina correr con un bebé en brazos. De inmediato, fueron a la policía y comenzó la búsqueda por calles y avenidas, pero no encontraron ni a Carlina ni, mucho menos, a la pequeña Isabel. Las autoridades prometieron hallarla lo antes posible.
El desespero de Mary era tan grande que sus fuer