Valeria se despertó antes del amanecer, como ya era su costumbre. El cuerpo le dolía por la tensión acumulada, pero su mente estaba más afilada que nunca. Damián dormía a su lado, respirando con esa calma arrogante que ella había aprendido a odiar con cada fibra de su ser.
Se levantó sin hacer ruido y fue al baño. Se duchó con agua fría, dejando que el chorro le aclarara las ideas. Cada gota era un recordatorio: estaba viva. Estaba observando. Y estaba esperando el momento perfecto.
Cuando bajó