Valeria se despertó con un nudo en el estómago. Esa noche no había dormido casi nada. Damián la había mantenido despierta hasta las cuatro de la mañana, obligándola a repetir en voz alta cada detalle de la última vez que Alejandro la había poseído. Cada palabra había sido una cuchillada en su alma, pero ella las había dicho. Porque resistir solo prolongaba el tormento.
Cuando abrió los ojos, Damián ya estaba vestido, de pie junto a la ventana, mirando la ciudad como si fuera suya. No había nota