Albuz empezó a despertar en cuanto sintió que unos cuantos pájaros se habían posado dentro de la cueva, además, su canto se volvió una gran molestia para los oídos del hombre.
Abrió los ojos de golpe y se fijó que en el hombro tenía un par de hojas húmedas que cubrían su pecho. En la frente también posaban algunas de estas, de retiró aquellas y continuó con las de su pecho. Al hacerlo notó la infección que se había formado, en ese momento se dio cuenta que las hojas funcionaban como calmante y