Rosseta descansa en los brazos de Albuz, mientras ambos observaban la noche llena de una gran cantidad de estrellas con la majestuosa luna que las acompañaba. El corcel se encontraba en un estanque descansando y Rayas a la orilla.
Ella sentía feliz por haber liberado al corcel de aquel encierro sin fin, pero su cuerpo y alma sentían cansancio por la magia que ocupó para poder capturarlo. Aunque trataba de sonreír para que Albuz no se diera cuenta, él lo podía percibir.
- Insisto, yo no te veo